MIU CALIFICA COMO SOSPECHOSO, DESAFORTUNADO E INTOLERABLE INCIDENTE EMBAJADA RD EN HAITI

MIU“El presidente Medina debe cohesionar la política exterior, especialmente hacia Haití,  para que ningún funcionario esté desentonando con lo que él diga”, Miguel Mejía, secretario general.

Santo Domingo, R.D. Los repudiables sucesos de ayer en Haití, donde una turba de irresponsables inyectados de odio  atacó el Consulado de República Dominicana a pedradas, irrumpió en sus instalaciones, arrió y profanó la bandera nacional, izando la de ese país, es el último eslabón de una cadena de confrontaciones y desencuentros que parece dirigida a separar, enfrentar y desgastar a dos pueblos vecinos.

Cuando ocurren sucesos de semejante índole, en medio de un proceso de modestos avances en las relaciones bilaterales, y cuando el gobierno del presidente Danilo Medina ha realizado un encomiable esfuerzo por la regularización de los inmigrantes ilegales haitianos en suelo nacional, no puede caber más que la siguiente pregunta: ¿a quién benefician?

Se trata, en efecto, de acciones sospechosas, disfrazadas bajo el manto de una espontaneidad que no existe, ni soporta el menor cuestionamiento. Tampoco es inocente  el día escogido para la provocación: la víspera del  27 de febrero, fecha que marca en la historia la proclamación de la independencia dominicana, precisamente tras 22 años del yugo haitiano, coronada  con el izamiento de la bandera nacional por Ramón Matías Mella, y el día del natalicio de Ramón Matías Mella al grito de “¡Dios, Patria y Libertad!”

Los que, desde las sombras, han organizado semejante ultraje destinado a quebrar los frágiles nexos entre las dos naciones, lo han hecho a plena conciencia y con plena alevosía. Saben, por larga experiencia, cómo envenenar las mentes, inyectar el odio, proyectarlo contra inocentes y organizar los conflictos. Son los grupos ultranacionalistas de ambos lados de la frontera, en su eterna escalada de insultos, propuestas delirantes, actos hostiles y llamados a derramar sangre. No se enfrentan por amor a la patria, sino por intereses económicos muy terrenales y concretos, por ambiciones de poder y en servil

cumplimiento de la agenda geopolítica de poderes foráneos imperialistas, que no quieren paz, ni desarrollo, ni independencia, ni soberanía en el área del Caribe. En el fondo, enfrentar a los pueblos de Haití y República Dominicana es hacerlos más débiles,  más pobres, más dóciles y más fáciles de dominar y explotar.

Y como suele  ocurrir, solo tienen éxito estos mercaderes inescrupulosos cuando cuentan, a su favor, con la manipulación de medios de comunicación; cuando disponen de un arsenal de mentiras y medias verdades capaces de atizar la violencia irracional que solo florece sobre la desinformación, la falta de cultura, el analfabetismo y la desesperación.

Pero del lado dominicano de la frontera, además, tenemos la falta de una política exterior coherente, y  la más escandalosa ausencia de disciplina, conciencia y respeto a la institucionalidad de los propios altos funcionarios del gobierno que debían ser sus más escrupulosos cumplidores.

El presidente Medina debe de cohesionar la política exterior para que ningún funcionario deba desentonar con lo que él dice, como lo están haciendo funcionarios desaforados de forma interesada y dañina. El tema haitiano, en el marco de la política exterior debe ser conducido bajo la estricta orientación del Jefe de la política exterior que lo es el Presidente de la República.

Ante ataques  como el ocurrido ayer, lejos de presentar a  Haití y al mundo, un frente unido, inteligente, oportuno y firme, ofrecemos el lamentable espectáculo de voces disonantes, contrapuestas y desafinadas,  que confunden, desprestigian, debilitan y paralizan la acción de la respuesta  imprescindible.

En víspera del día destinado a cultivar el orgullo nacional y la pasión de los dominicanos por la libertad y la independencia, se propina, con toda aviesa intención, esta puñalada al corazón mismo de sus símbolos.

¿No es más que evidente que lo que está en juego es el destino mismo de ambos pueblos, y que quienes se oponen a un futuro de comprensión y cooperación  entre ellos, harán todo lo posible por anularlo?

No nos dejemos manipular: se empieza quemando banderas  y se termina quemando ciudades y pueblos enteros.

Las confrontaciones en el mundo moderno solo sirven para hacer a las naciones más serviles y dependientes ante los enormes poderes imperialistas que siguen tratando de imponer sus designios e intereses egoístas a los pueblos.

No se trata solo de Haití y República Dominicana: se trata del futuro de la Humanidad.

Tenemos el sagrado deber de estar alertas, firmes, unidos y lúcidos para, defendiendo nuestra Patria, defendamos también la patria de todos. Ese es el significado de esa frontera que nos une y nos separa.

 

 

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